El duelo, sentir el dolor

El duelo nos puede llevar a través de un paisaje interior que nunca hemos conocido, un paisaje que nunca hubiéramos deseado conocer.

Un paisaje en el que el ser perdido queda sustituido por una sensación de vacío.

Cuando perdemos a una persona amada, el dolor, y la pena nos atraviesa como una espada que perforase nuestro ser.

El sistema nervioso queda bloqueado, el nudo en la garganta o en el estómago se convierten en algo permanente.

Puede que el llanto sea lo único que puede desbloquear esta constricción que aplasta todo nuestro ser.

La psicología nos dará pistas sobre cómo puede evolucionar el estado del duelo.

Pero esta sensación paralizante, es también el bálsamo donde cultivar la compasión necesaria para abrirnos a la realidad vital que deja la pérdida.

Una realidad que nos brinda un nueva oportunidad más lúcida en el vivir cotidiano.

Experimentar el duelo cuando llega

La muerte de alguien, en especial de una persona amada, es lo más difícil a lo que el ser humano se enfrenta. En la pérdida, sin embargo, se esconde la perla que convierte nuestra vida en un tesoro.

El duelo es el tesoro para apreciar el momento presente con toda su intensidad. El duelo por la pérdida lo hace aflorar y esta perla es la que hay que cultivar.

La clave está en no fingir la pena, sino en dejar que el corazón desgarrado llore de forma tempestuosa.

Las lágrimas vertidas alimenta el grano de arena que nos roza el sentir pero que nos permite convertirla en perla.
 

Un paisaje desconocido

El duelo es el camino a través de un paisaje desconocido porqué desde que nacemos la sensación del ser humano es la de la compañía.

La muerte crea el vacío sin el cual la persona no puede rellenar de nuevo su vida.

El duelo es la escalera que nos permite trepar desde el pozo en el que nos sume la muerte y que nos recuerda "no somos nada".

Cada escalón a través de las fases del duelo nos permite descubrir la amplitud completa de nuestra humanidad.

Al duelo sólo hay que dejarlo expresar es decir no arrepentirse del fondo oscuro en el que nos sume sino en convertir el dolor en la fuerza para subir escalón a escalón.

Contra el duelo no hay que luchar

Cuando dejamos de luchar con él, y le permitimos expresarse, nos abre a nuevos horizontes que ni podríamos imaginar. Nos abre el corazón, nuestro verdadero maestro interior y permite que nuestros pensamientos no sean nuestros dueños que es lo habitual en nuestra cotidianidad.

La pérdida de un ser querido nos abre pues a la verdadera naturaleza de nuestro corazón y a sus cualidades esenciales.

En el corazón no hay contradicción entre el dolor intenso por la pérdida y el amor por la vida.

La contradicción es puramente una ilusión de la mente que es incapaz de aceptar que su lugar no es otro que el de acompañar al corazón y no de someterlo como habitualmente hace en la vida de todos los seres humanos.

La pérdida y con ella el camino del duelo para aquellos seres humanos que pueden vivirlo antes de la senectud les permite abrir una nueva conscicencia.

Esto está perfectamente expresado en las personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte (ver el libro "Morir para ser yo", por citar uno de los muchos testimonios que hay disponibles)

La liberación

La liberación empieza pues cuando dejamos arrastrar temporalmente por este dolor profundo, por esta oscuridad que se ha cernido sobre nuestro corazón.

Es entonces cuando el duelo puede acompañarnos mientras merced a este vamos descubriendo la eternidad que llevamos dentro. 

En la oscuridad se nos muestran las estrellas del firmamento y viajar gracias al mapa que contiene el Universo que en el resplandor diurno no podemos observar. 

En este viaje nocturno de nuestro corazón descubrimos el nuevo mundo donde vivir con más intensidad y conciencia y abandonar la deriva del incómodo confort del espacio sin sentido. Afrontar los miedos de la muerte, de lo desconocido es la llave para encontrar el camino hacia una nueva aurora más luminosa.

Esta reflexión sencilla e inicial es para invitarte a buscar entre nuestra selección de libros aquellos que hemos recopilado sobre los muchos que existen de la temática del duelo.

El duelo en un cortometraje

Una visión llena de simbolismo sobre el duelo la ofrece el cortometraje Farewell (2016) realizado por alumnos de la ESMA (École Supérieure des Métiers Artistiques), en el cual se nos relata los sentimientos de una mujer que se enfrenta al duelo doloroso de perder el bebé que estaba esperando.

Farewell es una metáfora sobre este momento en que la aceptación nos permite soltar el dolor para abrazar nuevamente la vida, cómo si nos despojáramos de unos ropajes inservibles y acogiéramos la limpieza del cuerpo y con ella abrazar nuevas sensaciones vitales.

La mujer protagonista no se niega el dolor, sino que utiliza este sentimiento para convertir su tristeza  en creatividad para hacer surgir vida, esperanza y color. Es gracias a esta tristeza profunda que la mente debe buscar un nuevo anclaje para seguir. Farewell es también un paseo por las etapas del duelo.

El interés de este corto es que trata sobre la pérdida perinatal (basta una cuna vacía para comprenderlo) lo cual les permite plasmar con toda su crudeza el dolor más insoportable de una muerte.

Sus directores, abordaron explicar el dolor que causa el duelo con una metáfora preciosa: un pequeño pájaro que aparece en la vida de esta mujer desesperada. Este corto no tiene nada que ver con el largometraje del mismo título The Farewell (2019).

Abrirse a la pérdida

A veces, las nuevas pérdidas son el detonante de las antiguas. Y suele ocurrir que no sentimos la pérdida hasta más tarde en la vida, cuando sufrimos una nueva pérdida”.

La psiquiatra Elisabeth Kübler Ross, precursora en definir las fases del duelo afirmaba que “no podemos escapar del pasado. El sufrimiento del pasado suele quedar en suspenso hasta que estamos preparados para descubrirlo.

La historia nos recuerda uno de los pasajes del libro El gato que venía del cielo de Takashi Hiraide (Alfaguara, 2014): “La ausencia del gato transformó el jardín en un paisaje sin alma. Me sorprendió constatar cómo la mirada es capaz de engalanar con colores un lugar o, por el contrario, despojarlo de ellos...

Poco a poco, Chibi empezó a formar parte de nuestra rutina diaria, de igual manera que una pequeña corriente de agua brota de un manantial, empapa el suelo y perfila una inclinación imperceptible en el terreno”.

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