No embalsamar, una necesidad ecológica

La tanatopraxia es el conjunto de técnicas y prácticas que se realizan sobre los cadáveres. El término tanatopraxia engloba la tanatoestética, la tanatoplastia, la conservación transitoria y el embalsamamiento.

La tanatoestética sería el conjunto de técnicas cosméticas que permiten mejorar la apariencia del cadáver, la tanatoplastia las operaciones utilizadas para restablecer la forma de las estructuras del cadáver o mejorar el aspecto estético, o para extraer del cadáver aquellas prótesis que se requieran.

La conservación transitoria se utiliza para retrasar o retardar el proceso de putrefacción, la cual puede realizarse mediante la aplicación de sustancias químicas o mediante la reducción de la temperatura corporal (refrigeración o congelación).

Por embalsamamiento se entiende la inyección de líquidos que impide la aparición de los fenómenos de putrefacción.

La conservación transitoria puede ser sin tóxicos
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Uno de los mayores absurdos de un servicio funerario es pretender retardar la descomposición con métodos químicos altamente tóxicos.

Puede que en algunas ocasiones haya alguna razón imperiosa para  garantizar la conservación transitoria del cadáver.

Esta se puede realizar con técnicas inócuas como la de congelación, que no supone el empleo de productos tóxicos tanto para los practicantes como para el entorno.

La congelación detiene la descomposición gracias a la baja temperatura. Hace décadas, cuando no había vehículos refrigerados ni congeladores, podía tener sentido para el traslado de un cuerpo el embalsamamiento químico.

A día de hoy es anacrónica envenenar el cuerpo difunto y el del profesional que lo aplica con un producto cancerígeno como es el formaldehído.

Recordemos que sin ir más lejos para conservar la carne comestible y otros productos alimentarios perecederos se hace con frío y viajan en contenedores frigoríficos por todo el planeta. 


La mala idea del embalsamamiento funerario

El embalsamamiento con productos químicos para la conservación de un cuerpo difunto es inadmisible disponiendo de la tecnología de la congelación o la de la aplicación de productos de conservación ecológicos.

La práctica de embalsamamiento químico con formaldehído o similares exige una manipulación de tipo quirúrgico del cadáver y por tanto, supone una intromisión en la intimidad corporal a menudo sin el consentimiento.

La tanotapraxia es una técnica que muchos expertos cuestionan por su toxicidad (interna y externa) e inutilidad.

En un entierro natural las sustancias empleadas en el embalsamamiento temporal están prohibidas, pues contaminan el entorno tanto cuando se incinera un cadáver tratado con formaldehído (puesto que se liberan componentes volátiles muy tóxicos).


La defensa de la industria funeraria

Por el contrario, la industria funeraria considera el embalsamamiento con químicos y la extracción de los líquidos de las vísceras como esencial para la preparación cosmética de los muertos.

Argumentan que el embalsamamiento se trata de una técnica que mejora el aspecto del cuerpo fallecido y que esto facilita el duelo a los familiares. Sin duda es un tema polémico, pero más allá de los argumentos estéticos, hay una realidad tóxica grave en esta tecnología.

En el embalsamamiento el producto principal es el formaldehído y otros productos químicos tóxicos. Todos los productos empleados en la tanatopraxia provocan riesgos ambientales inútiles y también exponer a sustancias que afectan a la salud de los profesionales implicados.

Es cierto que algunas personas muertas en accidentes quedan físicamente destrozadas. Pero para ello es suficiente aplicar técnicas de reconstrucción estética (sin necesidad del formaldehído) que son las propias de la tanatoplastia.

En la tanatoplastia esta práctica pueden emplearse ceras naturales e incluso la aerografía con tintes a base de productos naturales.


El absurdo de estar muerto y parecer vivo

Los expertos en funerales naturales advierten que el embalsamamiento con productos químicos vuelve los cuerpos duros y con una consistencia que les da un aspecto plástico y artificial.

Cada vez más expertos en el duelo consideran que enterrar a un ser querido difunto con aspecto de no estar muerto, no ayuda en nada a aceptar la muerte del ser querido.  Una opinión que contradice la argumentación esgrimida por las empresas funerarias que defienden la tanatopraxia.

La tanatopraxia no existiría sin el formaldehído y otros productos químicos líquidos (metanol, glicol, fenol, eosina) agresivos y tóxicos que hay que inyectar en el cuerpo del difunto.

Lamentablemente, todavía la legislación no se ha atrevido a poner coto a esta práctica de forma oficial e incluso algunas comunidades autónomas todavía estimulan la "formación" de tanatopractores como un oficio de futuro.


Estética sí, conservación no

Es evidente que disponer de profesionales de la estética para preparar un cadáver en determinadas ocasiones (función de la tanatoplastia o tanatoestética) es una habilidad util que puede hacerse con materiales ecológicos de forma no invasiva.

Así que cuando una persona con conciencia ambiental valore los servicios de una funeraria, tendría que rechazar cualquier "acondicionamiento" del cadáver.

La única intervención aceptable sería un mínimo arreglo estético si realmente se precisa.

Ante la duda sobre las intenciones de la funeraria, lo mejor es no contratar ningún arreglo del cadáver.

La refrigeración como técnica de conservación
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La llamada conservación transitoria se entiende como retrasar o retardar el proceso de putrefacción. Esta puede realizarse mediante la aplicación de sustancias químicas inocuas (com el Bio Sac 200) o mediante la reducción de la temperatura corporal (refrigeración o congelación).

La refrigeración y congelación de cadáveres se emplea de hace décadas en instalaciones funerarias y en los depósitos de cadáveres a los que se remite un fallecido pendiente de examen autópsico o parecido.

La baja temperatura asegura que el cuerpo sin alcanzar el estado de congelación se reduzca la tasa descomposición. Para una conservación a un tiempo medio se utilizan directamente los congeladores de temperatura negativa.

En general los aparatos frigoríficos consumen poca energía y no crean el impacto ambiental que generan los productos químicos de conservación o embalsamamiento.

A menudo en estas cámaras frigoríficas se añade algún polvo anti bacteriano (como iones de plata) para retrasar aún más los procesos de putrefacción del cadáver. Aunque a día de hoy hay otras sustancias inócuas como hemos mencionado con la misma función.

Tipos de frigoríficos mortuorios

Los refrigeradores mortuorios son la solución estándar para la conservación de cadáveres variable según la tipología de los mismos:

- los de  temperatura positiva (refrigeración), son cámaras frías donde los cuerpos difuntos se almacenan a temperaturas de entre 2 y 6 grados centígrados. Estas cámaras no detienen la descomposición pero la ralentizan.
- los de temperatura negativa (congelación), son cámaras que permiten la conservación de los cuerpos y son típicos en los institutos forenses. En este tipo de cámaras frías, los cuerpos difuntos se almacenan a temperaturas que oscilan entre -10 y -50 grados Celsius (aunque la congelación oscila entre -16ºC a -20ºC ya que es la mejor técnica para preservar temporalmente sin producto químico alguno un cadáver.).

Los refrigeradores mortuorios de hoy en día se fabrican en base a un diseño modular y esto mejora la escalabilidad según las necesidades del uso que se les quiera dar.

En muchos países, tanto en hospitales como en las empresas funerarias se dispone de estos equipos lo que permiten guardar el cuerpo difunto mientras la familia prepara la ceremonia sin las prisas que exigen las funerarias en España.

En algunos países caso de Francia entre otros, incluso se permite la vela y conservación en el propio hogar gracias a aparatos de hielo seco o gas carbónico sólido (1), una alternativa a la refrigeración convencional para períodos de entre 24-36 horas.

En el Reino Unido no emiten el certificado de defunción hasta pasados los 15 días, por lo que es habitual que mientras se conserve el cuerpo congelado en la funeraria. 

Esto da tiempo suficiente para diseñar la mejor ceremonia y asumir mejor el dolor que conlleva la muerte del ser querido.

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