Salas para ceremonias fúnebres civiles

En una sociedad cada vez menos religiosa es imperativo reivindicar que se abran los espacios públicos civiles, incluso algunos de históricos, para que se puedan celebrar despedidas fúnebres laicas o civiles.

Hay pues una tendencia clara, la sociedad actual se seculariza. Sin embargo, los lugares para celebrar funerales civiles se limitan a los tanatorios multirituales. Según el barómetro del CIS (2020), España ya tiene más ateos o no creyentes que católicos practicantes.

Mientras los católicos practicantes rondan el 19,5%, el de personas ateas, agnósticas y no creyentes alcanza el 36%. En cuanto a las personas que practican una religión distinta a la católica, únicamente sería un 2,7% de la población de nuestro país. (1)

En la vecina Francia, cuatro de cada diez franceses se declaran ateos o no creyentes. Por eso en aquel país, en noviembre 2016 se aprobó un proyecto de ley para la organización de entierros civiles en los ayuntamientos como se hace con las bodas. Pero hasta la fecha no ha prosperado.

En España persiste la legislación funeraria existente antes de la democracia. En realidad, la muerte o la despedida de la vida, que debería ser una fiesta, aqui y allende, está secuestrada por el oligopolio funerario con la complacencia gubernamental.
 

Salas nobles de ayuntamientos para ceremonias fúnebres civiles

Cuando vemos pasar unos novios en el ayuntamiento nadie se sorprende. En cambio, la sola visión de un ataúd en un espacio público civil provoca tensión.

La muerte no sólo forma parte de la vida, sino que con ella se constata que se ha vivido. Cada vez más personas piensan que el miedo a la muerte es una visión que debe apartarse para convertirse en algo normal, triste en su forma, pero honorable de fondo.

Quizás va siendo hora que las instituciones democráticas ofrezcan espacios públicos gratuitos o de bajo coste para poder celebrar despedidas tras la muerte de una persona en los edificios públicos nobles de las ciudades y pueblos .

De hecho, para determinadas personalidades políticas o culturales relevantes se facilita instalar la capilla ardiente en los ayuntamientos o lugares nobles para rendirles públicamente homenaje.

¿Por qué no organizar una ceremonia de despedida en un espacio social como puede ser un teatro o una sala de actos del centro cultural de la población del difunto? o ¿Porqué no poder celebrar un funeral en un monumento arquitectónico, un castillo, un palacio, etc.?

Antes las bodas civiles se celebraban en las tristes salas de los juzgados. Hoy los amigos y familiares invitados lo pueden hacer en una noble sala de su ayuntamiento o incluso al aire libre.

Avanzar hacia la normalidad de un funeral

En España los funerales han migrado poco a poco de las iglesias a los oratorios uibcados en los tanatorios, muchos de ellos de arquitectura anodina. No hay ninguna asociación o grupo social que presione para que puedan celebrarse funerales civiles en espacios públicos..

En Francia hubo un intento (que no ha prosperado) de proyecto de ley promovido por la Asociación Alorcii (Asociación Secular para la Organización de Ceremonias Civiles) para que se autorizara celebrar funerales en salas de los ayuntamientos

En el departamento de Haute-Vienne, en el centro de Francia, esta asociación convenció a varios ayuntamientos de que abrieran sus puertas a los entierros laicos. Algunos, se han apuntado y ofrecen la sala de plenos o alguna sala noble de forma gratuita, otros como servicio de pago (2).

En España este debate ni se ha iniciado. De hecho, en 2018, el ayuntamiento de Barcelona, para abaratar los funerales se proponía construir nuevos tanatorios públicos en lugar de legislar sobre el uso de salas públicas para ceremonias fúnebres laicas.

¿Por qué en las iglesias los féretros no dan miedo?

Las religiones han sido las dueñas del destino de la muerte, ya que en su misión está determinar el destino del alma de la persona al final de la vida en el cuerpo físico. Algunas prometen paraísos e infiernos. Otras simplemente instan a recorrer nuevas vidas con mejor karma.

Hace relativamente poco que la muerte también se aprecia desde el humanismo o el ateísmo o simplemente desde fuera de cualquier creencia religiosa. Esto ha impulsado que se diseñaran ceremonias fúnebres civiles o laicas.

Durante siglos los féretros se han dado cita en las iglesias y por tanto, ver un ataúd en estas no extraña a nadie. Uno podría pensar que en el interior de la iglesia haya guardianes que impiden que el muerto puda salirse y aterrorizar a los vivos.

Las iglesias o los templos siguen siendo un espacio clave en la despedida de un ser querido. Sin embargo. cada vez más personas piensan que las despedidas deben encontrar otros espacios no religiosos o incluso la naturaleza para poderse despedirse.

En realidad, basta con hacer una prueba sencilla. Pregunten a sus amistades cuántas de ellas estarían dispuestas a pasar unas horas al lado del ataúd abierto de una persona fallecida desconocida.

Hay por tanto, un necesaria labor educativa colectiva para convertir el ritual fúnebre o simplemente la muerte, en algo cotidiano y sublime.

Una labor educativa comunitaria para dejar que los muertos puedan encontrar otros espacios imponentes, magníficos e icónicos para despedirse de la vibración vital..

Espacios arquitectònicos civiles, históricos o monumentales donde despedir con emoción y honorable dignidad como los funerales religiosos que se permiten en una colosal catedral.

Maestros de ceremonias fúnebres civiles

En España no existe la figura del director funerario, es decir, un profesional formado para dar respuesta a las necesidades planteadas por una familia para despedir a un ser querido.

En nuestro país, cada funeraria pone a personas no especializadas, aunque si capacitadas para que sepan leer adecuadamente, tengan presencia y una voz apta para la ocasión.

No se precisa un experto en celebracones fúnebres ya que en nuestro país estas se desarrollan con un guión estándar y bien protocolizado. Prueba de ello es la escasa producción editorial en nuestro país de libros o manuales sobre como organizar un funeral civil o laico. Todo lo contrario de lo que sucede, por ejemplo en Francia o el Reino Unido.(3) (4)

Esta falta de un profesional formado para conducir una ceremonia fúnebre es otro de los factores que impiden que los funerales salgan del espacio confinado de la iglesia o el tanatorio.

No serán las empresas funerarias quiénes promuevan esta figura de liberalización en la organización de una ceremonia fúnebre. Deberá ser la sociedad civil quién promueva este oficio o dejar salir los funerales del tanatorio.

De hecho, incluso en el oratorio de un tanatorio, la empresa fúnebre no puede imponer a su "oficiante" si la familia se trae su propio conductor de la ceremonia.

Este es pues un paso necesario para avanzar hacia otra forma de organizar un funeral o promover el funeral natural. La clave está en planificar el propio funeral de antemano.

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