La muerte desde la antropología forense

La medicina y la antropología forense ayudan a los tribunales a establecer las causas de muerte y detalles relacionados con ella y predecir así como se produjo el deceso. Estas ciencias aportan las pistas cruciales sobre como se produjo la muerte de un cadáver

La medicina forense ayuda a los tribunales a establecer las causas de muerte y detalles relacionados con ella.

La antropologia forense estudía la evolución de la descomposición de los cadáveres en diferentes condiciones ambientales. Esto también conduce a conocer mejor el llamado tanatomicrobioma.

Su laboratorio son los llamados campos de descomposición o granjas de cadáveres más popularmente creados en Estados Unidos.

La ciencia forense se aplica sobretodo para esclarecer crímenes sin resolver. En los últimos 40 años, Estados Unidos, acumula casi dos cientos cincuenta mil casos de estos.

Cuando hablamos de un funeral natural, una de las opciones es donar el cuerpo a la ciencia. La labor de la medicina y la antropología forense es precisamente poner luz a las causas de la muerte cuando esta es sospechosa.

Los precursores de la antropología forense actual

París, 1874. En la punta de la Ile de la Cite, detrás del absis de Notre-Dame, la morgue exponía los cadáveres que no habían sido identificados.

La antropología forense es la disciplina que se encarga de identificar a personas a partir de sus huesos. Los huesos no sólo aportan datos sobre, la edad, la raza, el sexo, la complexión física de la persona sino que también permiten reconstruir el hipotético aspecto que tenía la persona en vida.

La antropología forense nace gracias a las investigaciones médicas en Europa con trabajos de científicos de inicios del siglo XVIII de anatomistas como:

Jacques-Jean Bruhier d'Ablaincourt (1685-1756), quién en 1742 había descrito 189 inhumaciones prematuras;
Pierre Hubert Nysten (1771-1818) quién enunció las leyes de la rigidez cadavérica que llevan su nombre;

de toxícologos como: Mateu Josep Bonaventura Orfila i Rotger (1787 – 1853), originario de Menorca, aunque afincado en Francia, quién escribió en 1814 el "Tratado de los Venenos” por lo que se considera precursor de la toxicología,

de cirujanos como Paul Broca (1824-1880),

de patólogos como Rudolf Virchow (1821-1902),

de biometristas como: Karl Pearson (1857-1936), etc.

En la actualidad el perfil del profesional dedicado a labores de las ciencias forenses es esencialmente el médico, pero también hay expertos en antropología y biología forense.

La antropología forense moderna

El desarrollo de la antropología forense ha estado muy ligada a la participación de especialistas forenses en investigaciones relacionadas con la identificación de cadáveres.

En algunos países como los Estados Unidos, el motor han sido los conflictos bélicos y los crímenes.

En Latinoamérica, en cambio, ha sido para esclarecer las víctimas de la violación de Derechos Humanos, principalmente en la segunda mitad del siglo XX, cuando las dictaduras cometieron crímenes contra lesa humanidad con tortura, desaparición forzada y muerte de las personas que se oponían a sus políticas.

El estudio forense es pues el arte de leer los huesos una vez ha fallecido la persona. Uno de sus principales impulsores modernos es el Dr. William Bass (1928 -) quién siempre empezaba sus clases el primer día del curso universitario, con una máxima contundente: "La carne se descompone; los huesos perduran".

Pionero en la antropología forense moderna

En la localidad norteamericana de Knoxville en el estado de Tennessee se ubica un complejo de antropología forense (The Body Farm) que fue pionero en su momento (creado en 1987 por el Dr. Bass). Este campo o laboratorio de descomposición ocupa casi 1 ha de terreno. En este espacio abierto se ubican de forma ordenada cadáveres humanos donados a la ciencia.

Las investigaciones sobre la evolución de la putrefacción permite desde determinar el tiempo que hace que el cuerpo ha fallecido (según la comunidad de organismos vivos que se observa a su alrededor o dentro del cadáver) hasta la obtención de los huesos.

Gracias al enfoque científico del estudio de la descomposición en estos campos de investigación forense, se empieza a comprender también el papel que juegan los fármacos, la dieta y los hábitos vitales en la muerte.

Precisamente, hay variaciones en la velocidad que los cuerpos humanos se reducen a esqueletos según la vida que han llevado. Otros se pueden quedar con aspecto momificado y tardar mucho más en esqueletizarse.

Laboratorios llenos de huesos

Las colecciones de esqueletos o huesos brindan oportunidades sin precedentes para estudiar la variación esquelética humana moderna, la patología y el trauma sufrido por un determinado cuerpo humano.

El Centro de Investigaciones Forenses de Tennesse cuenta actualmente con una colección de esqueletos de 1.700 individuos, y por tanto se trata de la colección más grande de esqueletos humanos contemporáneos de los Estados Unidos.

Ademas este centro gestiona el Forensic Data Bank (FDB) el cual contiene datos sobre más de 4.080 casos forenses de fallecidos en los EE. UU.

Auge en la ciencia forense

La evolución sorprendente de las ciencias forenses puede atribuirse en parte a los aspectos organizativos y al ímpetu de sus impulsores.

En 1972, catorce antropólogos, entre los que se encontraban Ellis Kelley, Clyde Snow y William Bass, organizaron y establecieron la sección de antropología física en la American Academy of Forensic Sciences

A partir de este momento, los antropólogos forenses iniciaron un camino de reputación. Su actividad complementa la de los médicos en esta especialidad.

En España la medicina forense es una competencia del Ministerio de Justicia. Los médicos forenses son funcionarios del Estado. Ellos són quiénes practican la autopsia legal en caso de muerte sospechosa.

En otros países hay un notable interés también por la antropología forense y sus estudios requiere de tener cadáveres en el laboratorio.

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