Dos imágenes de la muerte inmortales

Dos imágenes, una escultórica, el beso de la muerte y la otra pictórica, el audaz cuadro Muerte y Vida nos muestran visiones de la muerte que han conseguido ser icónicas e inmortales.

Ambos nos muestran visiones de la muerte que han conseguido ser inmortales.  La muerte y el arte son dos realidades que tienen algo en común, el misterio e interpretan las emociones que experimenta el corazón.

Muchos artistas han representado la muerte la cual, a menudo, es vista desde el prisma de la simbología religosa. En el mundo occidental muchos son los artistas que han ilustrado o esculpido la muerte.

Estas dos imágenes que destacamos, una escultórica y la otra sobre un lienzo, son representaciones de la muerte que han conseguido ser icónicas e inmortales.

Muerte y Vida
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Gustav Klimt (1862 - 1918)  es, sin lugar a duda, una figura trascendental del movimiento de los pintores decorativos, es decir, de todos aquellos que buscan ante todo la sugestión de la apariencia.

Klimt fue un artista comprometido y valiente que plasmó sus visiones tal y como se las dictaba el corazón. Su inmenso talento contrastaba con la fragilidad de su salud.

Pocos años antes de fallecer y sabiendo su debilidad, plasmó su visión de la muerte y la vida. Lo hizo un lienzo titulado "Muerte y Vida”  que pintó entre 1910 y 1911.

Se trata de un enorme lienzo cuadrado, de 178 x 178 cm. En este el artista recupera algunas de sus obsesiones primigenias, la naturaleza como metáfora, el contenido simbólico y la estructura columnar de lectura.

Klimt empleó los motivos abstractos para abordar la visión de la vida, el sufrimiento humano y la propia concepción filosófica nihilista.

"Muerte y Vida” está expuesta en el Museo Leopold de Viena (que alberga el mayor número de piezas alegóricas de Klimt).

Este cuadro es una de las obras más reputadas e impactantes de este artista junto a "El beso".

En el lienzo "Muerte y Vida” se representa el conflicto  entre la existencia y la defunción. A la izquierda se ve a la Muerte representada como un esqueleto del cual se ve sólo la calavera que observa con una mirada irónica. Su cuerpo va cubierto de un sudario oscuro decorado con cruces y lleva en la mano un basto. La muerte acecha a todos los seres humanos sin distinción de raza, ni de condición social.

Visiones metafóricas

La Muerte de Klimt tiene un aspecto amenazante, a la vez que observa con pasión a la Vida.

La Vida está representada por una aglomeración de cuerpos de diferentes edades a la derecha del lienzo. Entre estos hay mujeres, niños, ancianos...e incluso un bebé.

El lado de la Vida está simbolizado por el retrato femenino que representa la vida en toda su pureza y belleza.

En su regazo están todas las generaciones que la Muerte pretende llevarse. Los cuerpos del lienzo se superponen unos a otros, se agolpan sin fuerza, caen a plomo, como si estuvieran dormidos.

Todas las figuras tienen los ojos cerrados, como si no fueran conscientes de la importancia de gozar de la Vida. En la parte alta, una madre abraza a su hijo para  protegerlo y lo mismo hace un hombre con una mujer que la protege en la parte baja.

En esta alegoría, el amor es quién vence a la muerte, aunque la vida sea caótica.  

El simbolismo utilizado por Klimt en "Muerte y Vida” es audaz y abrupto. Este lienzo en una obra de arte que transmite perfectamente el mensaje del artista.

"Muerte y Vida” lo pinta Klimt en un momento álgido de fama y reconocimiento a nivel mundial. En la Bienal de Venecia de 1910, fue uno de los pintores más elogiados y se le asignó una sala propia para exponer su obra.

En 1911, precisamente, gracias a "Muerte y Vida", Klimt fue galardonado con el primer premio de la Exposición Universal de Roma. Sin embrago, el pintor austríaco revisó esta pintura entre 1915/16 que es tal y como se expone.

El beso de la muerte
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Algunos cementerios entre finales del siglo XIX y principios del XX se convirtieron en un escaparate de las familias que acumularon riqueza.

Los panteones, los mausoleos o las tumbas repletas de elementos escultóricos caracterizaron una época. Algunos cementerios se conviertieron en verdaderos museos al aire libre de arte funerario escultórico.

Uno de estos cementerios significativos es el cementerio de Poble Nou,  el primero de la ciudad de Barcelona y se construyó apartado del núcleo habitado.

Adelantándose así a la primera legislación española que ordenaba ubicar los camposantos fuera del núcleo urbano, este cementerio fue naugurado inicialmente en 1775 aunque derruido en 1813 durante la guerra llamada del francés y reconstruido e inaugurado nuevamente el 1819, aunque todavía estaba inacabado.

Este cementerio permite un recorrido por la historia de los personajes y las familias que forjaron la ciudad. Hay algún libro y reportaje que detallan con más precisión la historia de este significativo cementerio.

Entre las tumbas y panteones del cementerio se erigieron numerosos grupos escultóricos llenos de simbolismo, la mayoría y realizadas por artistas locales bajo encargo.

De todas las esculturas hay una que destaca entre ellas por su realismo, composición y singularidad simbólica. Se trata de la conocida como escultura de "El Beso de la Muerte" (El Petó de la Mort, en catalán). Esta obra reproduce un esqueleto alado, que simboliza la muerte, en una actitud de éxtasis amorooso que besa la sien de un joven que se desploma.

Memorial para un hijo muerto

Hacia 1930 la familia del empresario textil Josep Llaudet Soler, (fundador en 1901 de Hilaturas Llaudet, un negocio dedicado a la fabricación de hilo de algodón ubicado en Sant Joan de les Abadeses (Girona) y directivo del FC. Barcelona), perdió un hijo en plena juventud.

En memoria del joven hijo perdido, el empresario quiso que hubiera una escultura en su tumba, que representase los versos del poeta catalán Jacint Verdaguer que figuran en el epitafio de la sepultura:

"Mes son cor jovenivol no pot mes; / en ses venes la sanch s'atura i glaça / i l'esma perduda amb la fe s'abraça / sentint-se caure de la mort al bes" en lengua catalana, cuya traducción sería: "Mas su joven corazón no puede más / en sus venas la sangre se detiene y se hiela / y el ánimo perdido con la fe se abraza / sintiéndose caer al beso de la muerte".

Lo que está claro es que la escultura no deja indiferente a quien la observa. La belleza del joven, contrasta con la expresividad envolvente del ángel con calavera, con una actitud de cierto erotismo. La escultura en una de las mejores del arte funerario del siglo XX.

Algunas personas opinan que la imagen inspiró al director sueco Ingmar Bergman para la representación de la muerte en su película El séptimo sello. (1956).

En cualquier caso, la representación de la muerte en la mencioada película y la escultura del Cementerio del Poble Nou de Barcelona no se parecen en nada.

Una obra de artesanos

El encargo de "El Beso de la Muerte" como pieza escultórica se hizo, según consta en los archivos del cementerio, en el taller del escultor Jaume Barba. Sin embargo, el maestro tenía setenta años cuando se realizó la escultura.

Por eso, se especula que el diseño de la obra fue realizada por Joan Fontbernal que era yerno del maestro y el escultor más calificado del taller.

De todas maneras también se cree que fue una obra coral. Así, la parte trasera de las costillas de la escultura, cuyo realismo impacta, se atribuye a otro escultor del taller, Artemi Barba.

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