Principios de botánica funeraria

portada Principios de botánica funeraria

Principios de botánica funeraria

Título original
Principis de botànica funerària (1885)
Autor
Celestí Barallat Falguera
Editorial
Editorial Base
Fecha de publicación
Facsímil de 1885 reeditado en 2013
Idioma
Catalán
Diseño
128 pp · Rústica · 15,5 x 23,5 cm.
Temática
Público
Sinopsis

Los Principios de botánica funeraria es una edición de la obra publicada originalmente en 1885 en lengua catalana y con dibujos de la ilustradora Lola Anglada, la cual constituye un insólito tratado de jardinería aplicada al diseño de cementerios. 

Una obra que puede ser de interés para arquitectos, funcionarios municipales, jardineros y, cómo no, etnólogos y antropólogos; en cualquier caso, una obra de lectura interesante para cualquier "mortal" curioso. 

En la primera parte se ofrece un programa vegetal justificado desde el punto de vista de la simbología clásica, la tradición popular y el conocimiento de los cementerios antiguos y contemporáneos: se estudian con rigor las especies admisibles o rechazables en un jardín funerario, sean sembradas, representadas o esculpidas, así como las más idóneas para depositarlas en forma de ofrenda floral. También hace comentarios sobre la madera más idónea para los féretros, las ofrendas forales y la vegetación esculpida con el arte de la poda.

En su obra aborda otras cuestiones generales sobre el diseño y las condiciones del parque fúnebre y examina caso por caso los árboles, los arbustos y la plantas más idóneas sobre todo por la simbología de las mismas. En esto se basa en la tradición clásica grecoromana y apoya el bosque funerario de tradición pagana pero que ya había sido adoptado por el cristianismo.

El objetivo de su obra es aconsejar  con la selección de la vegetación en el cementerio a fin que esta ayude a cultivar la esperanza basada en la fe religiosa. Por tanto su libro mantiene el sentido religioso pero también la sencillez y la naturalidad.

Para Barallat, la simbología funeraria se distingue en dos grandes grupo, el del sagrado, la luz, lo angélico, la resurrección, la buena esperanza y el infernal con la sombra, lo diabólico, lo mortífero o lo dañino. En este sentido, por ejemplo, su visión del ciprés como árbol funerario es por qué lleva la vista de la sombra de las tumbas hacia la región de la luz celeste.

Por la época que le tocó vivir proclama su lucha contra la melancolía que impregnó su sociedad del siglo XIX y la importancia de prevenir la frivolidad y la vanidad en las tumbas del cementerio. Su ideal de un bosque funerario cerca de las urbes nunca lo vio en vida, pero su libro es un alegato en su favor vigente todavía en la actualidad y de ahí que sea una obra importante digna de estudio.

Dedica varios capítulos al uso de las diferentes especies, tanto por la simbología de las plantas como por el colorido y las formas. Según el autor la vegetación en el camposanto debe imitar a la naturaleza y los bosques, de modo que las sepulturas queden integradas en un conjunto visual verde mate. Las plantas de colores vivos quedan descartadas, así como las que dan frutos comestibles y los árboles con hoja exuberante que no muestren una copa compacta.

Actualmente, Principis de botànica funeraria, sólo se encuentra disponible en lengua catalana publicada por la editorial Base que recupera la versión inicial de 1885. Esta reedición dispone de una interesante investigación del periodista Adolf Beltrán Xandri sobre la biografía de su autor: Celestí Barallat.

Celestí Barallat i Falguera (1840-1905) fue abogado, político y escritor, especialista en cuestiones funerarias y destacó como letrado. Su expertía fue clave en el dictamen para determinar como derimir el conflicto entre el obispado y el ayuntamiento de Barcelona sobre quién era el titular de la gestión de los cementerios. También destacó como literato con inspiradas traducciones de obras de autores clásicos además de su actividad como político e historiador.  Como si estuviera predestinado, Celestí Barallat murió curiosamente el día de los Difuntos de 1905.

En 1984 la editorial Alta Fulla editó un facsímil de la edición en lengua castellana que se publicó en 1905 con posterioridad a la catalana; sin embargo, esta versión actualmente está descatalogada.

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