Portada La comisión para la inmortalización de John Gray

La comisión para la inmortalización

Título original
The Immortalization Commission: Science and the Strange Quest to Cheat Death (2011)
Autoría
John Gray
Editorial
Sexto Piso
Fecha de publicación
2014
Idioma
Castellano
Coordinación y corrección
Traducción de Carme Camps
Impresión
Rústica con solapas de 15 x 23 cm y 248 páginas impresas.
Sinopsis

El título del libro La Comisión para la Inmortalización. La ciencia y la extraña cruzada para burlar la muerte del filósofo y politólogo John Nicholas Gray (1948 -) lo toma prestado de la propuesta de Leonid Krasin, un ingeniero de la antigua Unión Soviética que propuso congelar el cadáver de Lenin para devolverlo a la vida cuando fuera científica y tecnológicamente posible.

Este técnico formaba parte de la llamada «Comisión para la Inmortalización» y en este fascinante ensayo, John Gray se sirve de él a modo de excusa para adentrarse en la obsesión humana por trascender la mortalidad.

En  La Comisión para la inmortalización. La ciencia y la extraña cruzada para burlar a la muerte, Gray reflexiona sobre los conceptos de ciencia y religión, para demostrar que incluso ahora que vivimos en una época formalmente secular –al menos desde el punto de vista político y científico–, las sociedades continúan evadiendo el miedo a la muerte mediante sistemas de pensamiento que permiten creer al hombre en su inmortalidad.

Desde los investigadores psíquicos victorianos que pretendían demostrar de una manera científica la existencia del alma a través de las sesiones de espiritismo en las que escribían textos automáticos con la llamada uija.

Pero no sería muy diferente de  como lo harían más tarde los surrealistas, o los «constructores de Dios» de la Unión Soviética, que por su parte, no buscaban pruebas de vida después de la muerte, sino divinizar a la humanidad a través de la técnica y la razón, creando a un nuevo hombre libre de toda imperfección.

Pero para matar a la muerte habría que matar primero al hombre. Y eso hizo, de manera implacable, la eficiente máquina de muerte soviética.

Una lectura apasionante

Espiritismo, bolcheviques, Darwin, dobles agentes, extravagantes profesores ingleses, presencias ultramundanas, sociedades secretas, Stalin, extraterrestres, mesías póstumos y la momia de Lenin…

Una galería de personajes y de situaciones digna de una novela –si no perteneciera ya a esa novela insuperable que es la historia– y que en manos de John Gray da lugar a un ensayo lúcido y apasionante sobre la necesidad que siempre ha tenido el hombre –ya sea a través de la religión o de la ciencia– de creer en la inmortalidad.

En realidad, nos dice Gray, se trata de un profundo miedo a lo ingobernable, a esa contingencia que rige el destino de todos los seres humanos y que habría que aceptar con humildad: «El más allá es como la utopía, un lugar donde nadie quiere vivir».

Por eso concluye que lo verdaderamente humano consiste en aceptar nuestro carácter finito, pues los experimentos colectivos para intentar negar la muerte han producido gran dolor y destrucción, en aras de evitar aquello de lo que jamás podremos escapar.

Compartir :