Hablemos del duelo

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Hablemos del duelo

Título original
Hablemos del duelo. Manual práctico para abordar la muerte con niños y adolescentes
Autoría
Patricia Díaz Seoane
Editorial
Fundación Mario Losantos del Campo
Fecha de publicación
Octubre 2016
Idioma
Castellano
Ilustraciones
Malagón
Impresión
200 páginas
Público
Sinopsis

Esta guía trata de dar respuesta a alguna de las cuestiones, con el fin de ofrecer a los adultos recursos y herramientas que les permitan abordar esta situación con confianza y decisión.

De las explicaciones que demos sobre la muerte dependerá la forma en que los niños vivan su primer duelo, que suele marcar las demás experiencias de pérdida que sufrirán y, especialmente, las experiencias de muerte que se encuentren.

Sobre este último aspecto, estaremos de acuerdo en que a lo largo de la vida se producen muchas pérdidas: algunas más centrales y vitales que otras, pero todas son significativas de un modo u otro.

Esta guía surge de la necesidad que hemos detectado en muchas personas que viven o  trabajan en contacto con niños y adolescentes, y no saben cómo abordar con ellos  adecuadamente el tema de la muerte de un ser querido. Sin duda es una guía esencial.

La muerte es un hecho ineludible que forma parte de la vida. Todos los seres humanos vamos a tener que enfrentarnos en algún momento: des del instante en que un ser vivo nace, existe la posibilidad de la muerte.

Aunque pensar en esa realidad nos cuesta y nos duele, es algo inherente a la vida. Ponerle palabras a este suceso resulta muy complicado, más aún si se trata de comunicárselo a los más pequeños, de ahí que  consideremos importante disponer de recursos que nos ayuden a afrontar esta realidad del mejor modo posible.

El temor que experimentamos los adultos ante esta situación hace que en ocasiones elijamos ocultar y/o callar. Nos apoyamos en el impacto o en la dificultad que creemos que tienen los niños para procesar la muerte de un ser querido.

Por eso acabamos dando explicaciones erróneas que sólo van a llevar al niño a una confusión mayor, la cual, unida al dolor de la experiencia, puede generar complicaciones y quizá un duelo patológico que necesite de intervención.

Es habitual tratar de proteger a los niños. Creemos que protegiéndolos de la muerte les ahorramos sufrimiento, pero es todo lo contrario: los apartamos de un evento fundamental en sus vidas y es imposible evitarles todo el dolor.

De hecho, si los niños crecen sin exponerse al sufrimiento, serán más propensos a la frustración y no desarrollarán las habilidades necesarias para afrontar eventos a los que seguramente deberán enfrentarse cuando alcancen la edad adulta.

Los niños y los adolescentes sufren la muerte de sus seres queridos, sienten y se cuestionan muchas cosas: sus preguntas, temores, comportamientos, inquietudes y dolor han de ser atendidos, escuchados y cuidados.

A menudo el adulto no está preparado o no tiene conocimientos suficientes para ofrecer esta atención calidad, de ahí la importancia de abordar este tema. No se puede esconder la cabeza y hacer como si nada hubiera pasado, o dejar que “el tiempo ponga las cosas en su sitio”.

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