Esta web contiene una amplia selección de reseñas o comentarios sobre películas  para reflexionar sobre la muerte y su sentido. Hay películas cuya esencia real se descubre al final.

A veces, al final de la película, una simple frase que incluso puede pasar desapercibida, puede darnos la clave de su sentido. Cuando se da esta situación, recomendar tal película precisaría de una reseña con spoiler.

Esta reflexión que inicias a leer podría asimilarse a un comentario con spoiler de Passengers (2016), una película taquillera, pero realizada de una forma muy cuidada en guion, escenarios, efectos especiales, interpretación, etc.

En cualquier caso, si sigues leyendo, es porqué te interesa su moraleja a nuestro parecer y quizás te invite a revisionar el film en algún momento.

Endeudados hasta las cejas

La vida misma, en esta dimensión terrenal, tiene como principal misterio el guión. La mayoría vivimos decenas o centenares de miles de escenas a lo largo de la vida y puede que no le acabemos de pillar el sentido.

De hecho, muchos filósofos se pasan la vida reflexionando sobre el sentido de esta. Más allá de toda filosofía, muchos sabios lo dejan claro, sólo existe una realidad: el presente y gozar de lo que acontece a nuestro alrededor. Este es el objetivo de la Vida.

El viaje a un nuevo mundo que propone Passengers, a modo de thriller romántico teñido de aventura en el espacio, esconde detalles interesantes. Uno de ellos es una dura crítica a dejarnos llevar por nuestros "sueños" renunciando a la oportunidad de gozar cada momento de la vida que se nos es dada.

Este es precisamente el anzuelo que pone en el film la empresa global Homestead. Esta empresa ficticia es propietaria de un planeta sin vida humanoide y habitable, convertido en una colonia para que los humanos atrevidos puedan empezar una nueva vida.

Para alcanzar el sueño, primero hay que endeudarse y luego abandonarse o confiar en una tecnología de hibernación que permite dormir un siglo sin envejecer un sólo día.

Ambas son decisiones rompedoras para quién accede al sueño. Lo deja todo en la Tierra y, en el caso de volver, por lo pronto, lo hará casi un cuarto de milenio más tarde, sin haber envejecido apenas y apareciendo de nuevo en la Tierra, pero como un planeta irreconocible.

Cada cual con su película

La aventura de los protagonistas de Passengers responde a un fallo en el sistema de la nave para uno, y de un acto deliberado para el otro (aunque pueda comprenderse).

Él es mecánico y emprende su viaje en el Avalon para sentirse útil ya que en el mundo tecnológico de la Tierra todo está automatizado. Ella quiere experimentar una nueva vida para ser la portavoz de una aventura inédita.

El guión los pone uno frente al otro, con sus recelos primero, amores después y desencuentro posterior ante la mentira y la carga emocional y ética de lo que están viviendo.

Es un guión a primera vista, tantas veces repetido, que puede resultar incluso cansino para algunos. Pero a medida que uno se adentra en Passengers,  puede percibir que cada vivencia de los protagonistas, aunque rutinaria o descorazonadora, en realidad no es más que un recordatorio constante de que más que enfrentarse a la vida hay que dejarse llevar por ella.

Hay muchas películas y libros de autoayuda para adentrarse en este misterio que es vivir desde la rendición. Rendición como profunda sabiduría del ceder a la vida, en lugar de oponerse a su flujo vital. El único lugar en el que podemos experimentar el flujo de la vida es el Ahora...

Rendirse es aceptar el momento presente de manera incondicional y sin reservas. En otras palabras, renunciar a lo que interiormente se resiste a lo que experimentamos y desde ahí también nace el perdón.

Aurora Lane y Jim Preston, los protagonistas de este film tienen un destino común: aceptar su condición de náufragos. En este viaje deben "cuidarse" el uno al otro sabiendo que no podrán alcanzar el sueño prometido.

Pero sobretodo el aprendizaje para Aurora y Jim es rendirse y perdonarse. A favor, en su vida solitaria en la nave Avalón, viviendo el presente intensamente, lo tienen todo a su disposición.

Vivir el presente para vivir con consciencia

Cuando nos despegamos del presente para vivir fuera de él, en realidad nos convertimos en parias de la existencia que podríamos disfrutar.

El anuncio de la empresa es atractivo: "hay nuevos mundos más allá del cielo esperándote. atrévete a soñar, haz de su viaje un vuelo para recordar". Lo que hay detrás es que para pagar tal aventura uno se convierte de facto en esclavo de Homestead.

Algo así sucede cuando queremos más de lo que podemos poseer y nos endeudamos o simplemente nos confiamos sin comprender las consecuencias de los deseos.

Es lo mismo que dejarse organizar el funeral  por una empresa ajena a nuestra forma de pensar, simplemente por miedo a la muerte.

Tras cada escena de Passengers, más allá de algunas cursilerías románticas, los protagonistas se enfrentan a luchar contra si mismos. No atinan a observar que disponen de absolutamente todo para gozar de su nueva realidad vital inesperada.

Morir tras seiscientos años de vida suspendida

Gus Mancuso, el tripulante que también es despertado por un fallo "imposible de darse" en la nave Avalón, ha sumado años viajando mayoritariamente dormido. Pero en el Avalon su corta existencia tiene un propósito, facilitar que dos náufragos encuentren sentido a su propio destino.

El viaje interestelar propuesto por la empresa promotora de asentarse en nuevos mundos por construir tiene un elevado precio, la suspensión de la vida por un siglo. Lógicamente, a parte de la deuda económica que contrae el viajero le garantizan despertar en el nuevo mundo. Su sistema de hibernación permite que el cuerpo físico del momento de partida no envejecerá.

En cierto sentido, la propuesta de suspensión vital para el viaje entre vidas podría ser una metáfora misma de la reencarnación budista.

Gus en este viaje va a morir víctima de un fallo en su cápsula de hibernación (algo que la empresa certifica que es absolutamente improbable, pero que sin embargo ha sucedido). Ante la gravedad de la situación de la nave, este asume como un acto de amor y vestido de las mejores galas abandonar con coraje la vida humana.

La vida que vivimos tiene mucho de esto, de aparente improbablilidad, pero que a menudo se materializa. A medidos de marzo 2020 lo que parecía imposible, detener el mundo civilizado se dio.

Hoy más allá de que sea un complot de las élites, un accidente biológico o puro azar, esta nueva realidad nos aboca a afrontar nuestro destino común como humanidad precisamente desde la reflexión colectiva.

El fin es el mensaje

Un mundo se acaba y otro se abre ante nosotros. Podemos rechazarlo, discutirlo o abrazarlo. Podemos valorarlo de injusto e incluso apocalíptico. Lo que importa es afrontarlo desde la sinceridad con uno mismo.

No hay una vida ni única ni imprescindible, pero todas forman parte de un aliento universal, inexplicable pero tangible. Basta con sentarse ante la naturaleza para sentir esta conexión.

Cuando sentimos esta conexión vital, el sentido o el propósito de la vida personal se hace obvio. En la película Aurora y Jim no querrían lo que la vida les depara, pero son consecuentes cuando comprenden la fuerza que les compone más allá del destino. Se tienen el uno al otro para ser testimonios de su conexión con el mundo con les rodea.

Valorar donde estamos

El éxito en salvar nuestro mundo radica a menudo en quitar presión y dejar fluir la esencia vital que nos envuelve. En realidad los protagonistas salvan a la nave simplemente facilitando que se pueda enfriar.

Pero también ellos deben salvar su condición. Jim ha cometido un crimen al despertar a Aurora para salvarse y esta no se lo perdona. Sin embargo, ella huía de la Tierra para encontrar nuevas oportunidades, y en el Avalon, junto a Jim, la tiene. Sólo hay que perdonarse.

El perdón es una condición indispensable para aceptar y comprende la muerte. Es entonces cuando la muerte deja de ser una amenaza y somos invulnerables a las embates de miedo. Sólo entonces, podemos escribir en nuestra bitacora personal un epitafio consecuente.

Salvar el destino de la humanidad de la ambición de unos pocos y devolverle el calor del amor, de los abrazos, de la fraternidad, de la paz, de la cooperación, de la verdadera democracia, sólo se puede hacer valorando donde estamos.

Cuando al final valoran donde están su nuevo mundo lo hacen a su medida. Así transforman la Gran Plaza de la nave en un monumental paisaje natural dentro de un mundo de metal y asepsia.

Nuestro mundo se desmorona lleno de fallos sistémicos graves y aparentemente irreparables. Cómo la nave Avalon de nuestros protagonistas. Passengers es una película de entretenimiento, pero entre su aventura, romanticismo incluido, se esconde una bella metáfora vital:

"Compañeros de viaje si estáis leyendo esto es que la nave Avalon ha llegado a su destino. Ha pasado mucho desde que os dormisteis  Un amigo dijo una vez: que no te obsesione tanto donde quieres estar como para que olvides valorar donde estás. Nos perdimos por el camino, pero nos encontramos y creamos una vida, una hermosa vida, juntos."

 

Imágenes: fotogramas de la película Passengers (2016) de Morten Tyldum. Sony Pictures Entertainment.

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