La paradoja del turismo funerario

El turismo funerario se dedica a la visita de cementerios que disponen de muestras espectaculares de arte que los revalorizan como elementos del patrimonio cultural.

Cuando los marmolistas y escultores funerarios van desapareciendo porqué el mercado ya no busca la sepultura escultórica, la paradoja es que al tiempo surge una revalorización del arte escultórico en memoria de un difunto, como recuerdo funerario, que todavía adornan los camposantos.

Hace décadas que el arte funerario se desvanece, por no decir que desapareció. El auge y el creciente interés por visitar los cementerios monumentales con grupos escultóricos y esplendorosa vegetación, ha impulsado la creación de rutas, guías e itinerarios.

Para más información sobre la historia de los principales y más bellos cementerios europeos, el Consejo de Europa pone a disposición el catálogo de cementerios significativos como elementos del patrimonio cultural común.

Existen libros que recopilan los cementerios más curiosos del planeta. Uno de ellos es 199 Cemeteries to See Before You Die, en inglés, pero también hay un libro-guía en lengua castellana sobre el tema, La vuelta al mundo en 80 cementerios.

Una crisis, una oportunidad
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Skogskyrkogården, un cementerio boscoso cerca de Estocolmo en la isla de Södermalm (Suecia), declarado como lugar del Patrimonio Mundial de UNESCO. Conocido por albergar tumbas de gente famosa como el DJ sueco Avicii o la actriz Greta Garbo.

Curiosamente, mientras a día de hoy la gente practica el turismo funerario y visita cementerios artísticos espectaculares, estos asisten además a la disminución de su uso como lugar de entierro.

En parte hay menos inhumaciones en los cementerios tanto por el imparable interés por la incineración, como por la secularización de la sociedad actual.

Algunos de estos históricos cementerios, cuando se plantean su renovación la encaran apostando por al ecología y la naturalidad más que por dar continuidad a la grandiosidad de los torreones de nichos o a las parcelas para mausoleos fastuosos.

Los cementerios están en crisis como equipamientos, por eso incluso las funerarias empiezan a cambiarles en el nombre por el de "parque funerario".

No es extraño que sus gestores clamen que las cenizas deban depositarse obligatoriamente (pagando) en sus recintos (aunque la persona fallecida no tuviera ninguna creencia religiosa). Aunque algunos cementerios ofrecen espacios de dispersión de cenizas gratuitos dentro de su recinto

En cualquier caso, desde la austeridad de las estelas helénicas y romanas hasta los cementerios modernos suntuosos y concebidos como espacios de reposo de almas, hay muchos siglos de ausencia de arte funerario.

El esplendor de los cementerios monumentales tuvo su momento en la historia y hoy  las visitas a los mismos se ofrece como una vivencia nostálgica para descubrir un parte esencial de la religiosidad de nuestra civilización.

La simplicidad y el anonimato funerario en auge

Cada vez más personas quieren que el verdadero recuerdo de su identidad personal, tras dejar la existencia terrenal, no tenga un "espacio" delimitado ya que este no puede contener su memoria. De hecho, algunas de las celebridades de la historia reciente no son más que cenizas disueltas en un determinado entorno natural.

Un caso curioso del anonimato funerario es Steve Jobs (1955-2011), el fundador de Apple, quién a pesar de su muerte temprana, nos legó una forma diferente de entender los ordenadores y los smartphone con el iPhone.  A pesar de ser multimillonario, eligió el anonimato funerario en el histórico cementerio de Palo Alto, Alta Mesa Memorial Park, situado en el corazón de Sillicon Valley.

El arte funerario moderno tuvo su momento cuando la riqueza tenía que visualizarse en el ámbito social. Nadie puede gozar de su riqueza terrenal en  la tumba. Todo languidece y lo que parecía que debía ser eterno poco a poco se cubre de líquenes y musgo. La gestión de los cementerios precisa reinventarse y más que el turismo funerario. Lo que habría que impulsar es la reconversión de los cementerios a verdaderos espacios verdes urbanos de memoria colectiva.

La ruta europea de los cementerios significativos
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El cementerio de la Carriona en Avilés muestra un extraordinario conjunto de mausoleos pertenecientes a familias adineradas que quisieron trascender.

El turismo funerario se ha convertido en un complemento a las visitas culturales. De hecho incluso el Consejo de Europa promueve la Ruta europea de los cementerios significativos.

La Ruta europea de los cementerios significativos permite a los visitantes recorrer literalmente la historia local, y aprender sobre personalidades importantes que han trabajado y dejado una impronta en las ciudades.

Esta ruta permite efectivamente descubrir el patrimonio cultural local, nacional y europeo de los cementerios. Por último, al seguirla se toma conciencia de la importancia que revisten los magníficos cementerios de Europa para la dimensión multicultural del continente.

Para todos los gustos

Por citar dos visiones, en Rumanía, destaca el singular cementerio denominado "alegre" de Săpânţa,  que contiene más de ochocientas lápidas de madera talladas y pintadas ilustrando el oficio del fallecido realizadas todas ellas por el artista local, Stan Ioan Patras, de los años treinta a sesenta del siglo XX. 

En París, la visita al cementerio historico Père-Lachaise (abierto en 1804) nos adentra a una ciudad-jardín de 43 hectáreas que alberga más de 70.000 tumbas monumentales y más de 5.300 árboles. Entre sus tumbas hay las de personajes famosos como Oscar Wilde, Edith Piaf, Honore de Balzac, Maria Callas o Frederic Chopin.

La ruta de cementerios significativos cuenta en España con veintidós localizaciones repartidas básicamente por la cornisa Cantábrica, Catalunya, Comunidad valenciana y Andalucía. Para citar un par de ellos, señalamos el cementerio barcelonés del Poble Nou (del cual existe una APP para su visita) y el cementerio de la Carriona en Avilés. En ambos hay la impronta de los mejores arquitectos y escultores del mármol de cada región.

Hay otros cementerios visitados por el turismo funerario, que quizás no sean tan monumentales, como es el caso del cementerio de Vilanova i la Geltrú  y del pueblecito de Olius en Catalunya, pero que destacan por ser referentes de los cementerios modernistas.

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