Comprender el tanatobioma

Conocer el proceso biológico de la muerte nos ayuda a dar una dimensión diferente al propio deceso. Sin embargo, no es menos cierto que este proceso inexorable tras fallecer, tal y como hay que describirlo desde un punto de vista técnico, contiene información que puede herir la sensibilidad del lector.

Por tanto, antes que nada recomendamos que, aunque se trata de la información objetiva sobre lo que sucede a nuestro cuerpo tras la muerte, exige ser conciente de que la Vida no existe sin la muerte.

Tras esta, el reciclaje de la materia orgánica que soportó la vida, se aplica de forma igualitaria tanto si se trata de un animal diminuto como de un ser humano.

En este punto y final de la existencia, la de dejar el planeta Tierra, todos sus pobladores somos iguales ante los procesos biológicos de Gaia.

La huída
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La descomposición comienza a los pocos minutos después de la muerte o del paro metabólico corporal con un proceso celular llamado autolisis, o auto-digestión celular.

Cuando el enjambre celular deja de recibir el oxígeno y los nutrientes que aportan los órganos como el corazón, se inicia un proceso denominado de anoxia o falta de oxígeno que impide el metabolismo celular.

Entonces con este entorno aumenta la acidez por la acumulación de los subproductos tóxicos de las reacciones químicas que por falta de energía no pueden reciclarse.

Este provoca un cambio en el pH corporal que facilita a los enzimas comenzar a digerir las membranas celulares que además por la falta de aporte acuoso no pueden recomponerse. 


Destrucción celular

El proceso de autolisis empieza en órganos como el hígado, que es rico en enzimas, y en el cerebro, por su alto contenido de agua.

El proceso de desmoronamiento celular afecta a todas las comunidades celulares desde las neuronas hasta las células sanguíneas que pierden su color y, por tanto, contribuyen a la  decoloración de la piel.

Mientras, la temperatura corporal cae minuto a minuto, hasta que se habrá aclimatado a su entorno. Entonces,  el rigor mortis - "la rigidez de la muerte" – que se inicia en los párpados, seguirá descendiendo por la mandíbula y los músculos del cuello, hasta llegar a los pies.

Las proteínas filamentosas (actina y miosina), de la musculatura corporal, sin su energía son incapaces del movimiento de contracción y dilatación y por tanto se quedan rígidas.

A su vez, las diferentes comunidades microbianas, especialmente las que residen en el intestino (que es el hogar de billones de bacterias de cientos o tal vez miles de especies diferentes que mal conocemos todavía), se han especializado en vivir en un ambiente sin oxígeno. Por eso esán confinadas en áreas muy concretas de nuestro cuerpo.

Cuando la sangre deja de difundir oxígeno entonces estas bacterias anaeróbicas encuentran el camino libre del tóxico que las mantenía confinadas y pueden desparramarse por partes del cuerpo que en vida, por estar bañadas de oxígeno, no podían invadir. 

Si alguna bacteria anaeróbica se atrevía a salir de su entorno, inmediatamente el sistema inmunitario se lanzaba sobre ellas.


Manjar exquisito

Sin oxígeno y sin defensas, el cuerpo humano se convierte en un auténtico manjar para estas bacterias que antes colaboraban. La unión entre el intestino delgado y el intestino grueso es la puerta de escape.

Ya sin control alguno, nuestras bacterias intestinales comienzan a digerir los intestinos - y luego los tejidos circundantes - de adentro hacia afuera, usando el propio cóctel químico que sale de las células muertas.

Se ha observado que las bacterias inician la digestión del hígado a las veinte horas después de la muerte y que tardarán al menos unas sesenta horas en extenderse por la mayor parte de los órganos.

Así, después de morir, nuestras bacterias pueden propagarse a través del cuerpo de una manera sistemática e inexorable.

La invitación de la putrefacción
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La descomposición no es más que la sustitución del ecosistema de especies bacterianas aeróbicas, que requieren oxígeno para crecer, por las anaerobias, que no precisan de oxígeno. 

Las bacterias anaeróbicas toman la energía de la fermentación de los azúcares y como subproducto generan sustancias gaseosas como el metano, el sulfuro de hidrógeno y el amoníaco.

Estos gases acumulan dentro del cuerpo al cual todavía le quedan estructuras de tejidos y producen el hinchado típico del inicio de la putrefacción.

El abdomen como hemos visto es el primer lugar del cuerpo donde puede observarse este fenómeno, sin embargo, este afectará a todas las partes del cuerpo.


Concentración de gases

La putrefacción se caracteriza por la concentración de gases de un olor muy característico. Este olor será la clave para atraer a otros seres vivos externos y presentes en los alrededores como las moscas y otros invertebrados.

La putrefacción también va acompañada de una mayor decoloración del cuerpo.

A medida que las células sanguíneas dañadas continúan escapando de los vasos desintegradores, las bacterias anaerobias transforman las moléculas de la hemoglobina en un producto conocido como sulfohemoglobina.

La presencia de esta molécula en la sangre se sedimentada y da a la piel la apariencia marmórea, negro-verdosa característica de un cuerpo que ya experimenta una descomposición activa.

La hora de las moscas
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El aroma de un cadáver es el aviso para que especies de insectos necrófagos, algunos de los cuales dependen de los cadáveres para completar todo su ciclo vital, se instalen en el cadáver recién muerto. Algunas moscas pueden detectar el olor de muerte hasta distancias de 16 km.

Dos especies estrechamente vinculadas con la descomposición son las moscas comunes (Muscidae) y las moscas de la carne (Sarcophagidae), aunque más que las moscas las que hacen el trabajo son sus larvas.

El olor de la muerte, pútrido del cadáver, atraerá a las moscas que depositarán sus huevos sobre su superficie.  

Cada mosca deposita alrededor de dos ciento cincuenta huevos que eclosionan en veinticuatro horas, dando lugar a pequeños gusanos o larvas. Ponen sus huevos en orificios como la boca, nariz, orejas o heridas abiertas.


Gusanos voraces

Los gusanos resultantes de la primera etapa se alimentan del cuerpo durante varias horas antes de mudarse.

Luego se alimentan nuevamente hasta que son lo suficientemente grandes como para alejarse del cuerpo para pupar, convirtiéndose en moscas adultas, que repiten el ciclo.

Una tercera familia de moscas, la mosca de la carne llega un poco más tarde, pero compensan su tardanza al dar a luz gusanos vivos en lugar de huevos.

Estas larvas de mosca se alimentan de la carne en putrefacción y se convierten en gusanos más grandes con un índice de crecimiento notable.

Después de comer lo suficiente pueden iniciar la metamorfosis, pero antes, estos gusanos más grandes y ahora engordados se alejan del cuerpo para transformarse en moscas adultas.

El ciclo se repite hasta que no les queda nada para alimentarse. Nuevamente, las moscas nacidas cerca del cadáver detectan el olor de este utilizando receptores especializados en sus antenas

Así las nuevas generaciones retornan al cadáver y ponen nuevamente sus huevos en orificios y heridas abiertas y así poco a poco irán degradando la materia orgánica.
 

Pastel de gusanos

Este pastel de gusanos atrae también a una pléyade de insectos depredadores o parásitos que utilizan a su vez a los gusanos de mosca para completar su ciclo reproductivo. Y estos atraen a su vez a pájaros carroñeros como cuervos o buitres, pero también mamíferos.

El ciclo destructivo de la materia orgánica del cadáver a los pocos días es casi completo. Las larvas de moscas o gusanos son responsables de la eliminación de los tejidos blandos.

Como ya describió el zoólogo Carl Linnaeus (quien ideó el sistema por el cual los científicos nombran a las especies) en 1776: "tres moscas pueden consumir el cadáver de un caballo tan rápidamente como un león".

Los gusanos de la tercera etapa se alejarán del cadáver ya sin recurso alimentario en gran número, dejando incluso una marca en el suelo por las galerías excavadas.

Las moscas que aterrizan en el cadáver no sólo depositarán sus huevos en él, sino que también tomarán algunas de las bacterias que encontrarán allí y dejarán algunas de las suyas.


Finalmente, escarabajos

Los escarabajos generalmente son los siguientes en llegar al cuerpo. Como tienen piezas bucales masticadoras, pueden consumir las partes más duras que las moscas han dejado atrás.

La velocidad de las reacciones químicas involucradas en la putrefacción se duplica con cada aumento de temperatura, por lo que un cadáver alcanzará una etapa avanzada de descomposición después de dieciseis días en un entorno que mantenga una temperatura media diaria de 25 ° C.

Para entonces, la mayor parte de la carne del cuerpo ha sido consumida, y por lo tanto la migración masiva de gusanos termina.

Una isla de descomposición
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Los tejidos licuados que se escapan del cuerpo permiten el intercambio de bacterias entre el cadáver y el suelo que los soporta. Un cuerpo en descomposición altera significativamente la química del suelo debajo del mismo causando cambios que pueden persistir durante años.

Los lixiviados son los líquidos residuales de la descomposición los cuales liberan sustancias o  nutrientes que se depositan sobre  el suelo subyacente. Esto crea lo que se conoce como la "isla de descomposición del cadáver", una zona caracterizada por una gran acumulación de materia orgánica.  

Se sabe, (ver artículo publicado en 2006 en The Science of Nature) que de promedio un cuerpo humano vivo consta de entre un 50 a 75 por ciento de agua, y cada kilogramo de masa corporal seca.

Finalmente en el suelo se liberan 32 g de nitrógeno, 10 g de fósforo, 4 g de potasio y 1 g de magnesio. Se trata pues de un importante recurso de fertilización.


Demasiada matería orgánica

Este exceso se nutrientes sobre el suelo elimina parte de la vegetación subyacente y circundante.

Esto tanto obedece a la toxicidad del exceso de nitrógeno como a los antibióticos encontrados en el cuerpo, que son segregados por las larvas de insectos cuando se alimentan de la carne.

En cualquier caso la descomposición es beneficiosa para el ecosistema circundante.

Los gusanos de los nematodos, asociados con la descomposición y atraídos por los nutrientes filtrantes, se vuelven más abundantes y la vida vegetal se vuelve más diversa.

Un estudio de 2017 aporta datos exhaustivos sobre cómo se descompone la carne de los vertebrados, de los fluidos ricos en nutrientes en el suelo subyacente, lo que puede afectar la estructura y función de la comunidad biológica asociada.

La forma en que estos cambios alteran los ciclos biogeoquímicos del suelo es relativamente desconocida.


Avances científicos

Poco a poco la ciencia tafonómica aporta nuevas referencias sobre la identificación de las llamadas islas de descomposición (1) (2) de una carroña y sobre efectos ecológicos sobre el suelo de larga duración..

La isla de descomposición es el resultado de una concentración de subproductos del proceso que se acumulan en forma de fosfato de lípido-fósforo.

Se sabe que alrededor del cadáver esta concentración máxima se da sobre los cuarenta días después de la muerte.

Los subproductos de nitrógeno y otros de fósforo extraíble se darán entre los 72 y 100 días, respectivamente.

Polvo al polvo
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La desintegración o mejor dicho la reintegración de la materia orgánica al ciclo biogeoquímico de la Tierra no es más que una réplica fractal del proceso a través del cual la materia en el universo sigue estas leyes fundamentales.

Al morir nuestras células dejan todo su potencial a disposición de su entorno permitiendo que toda la energía y materia almacenada pueda ser reciclada para dar vida a otros seres vivos.

Al fin y al cabo, los cuerpos son, después de todo, meras formas de energía, atrapadas en pedazos de materia que esperan ser liberados nuevamente en el universo más amplio una vez expiran.

De acuerdo con las leyes de la termodinámica, la energía no puede ser creada o destruida, sólo se convierte de una forma a otra. En otras palabras: las cosas se desmoronan, convirtiendo su masa en energía. Polvo al polvo.

Agradecimiento

Artículo inspirado en los trabajos de los investigadores forenses pioneros del Dr. William Bass en su Centro Antropológico Forense, así como los resultados publicados en el libro Criminal and Environmental Soil Forensics o en artículos cómo Microbiology of death y de las investigaciones de la tanatomicrobioma (1) (2) impulsadas por la microbióloga Gulnaz Javan y su equipo. Todos estos trabajos permiten no sólo comprender un proceso biológico complejo, sino también estimar el tiempo transcurrido desde la muerte biológica.

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